Roberto Mellino es uno de los artesanos que vienen cada miércoles al mercadillo. ROMEL es su nombre artístico, formado por las primeras sílabas de su nombre.
Moda, arte y diseño son los tres pilares que dan vida a sus productos. Roberto trabajó durante 20 años en el mundo la moda, cuando entonces seguía siendo una forma de hacer arte. Nos confiesa con tristeza que hoy en día el arte ha quedado relegado a un segundo plano al igual que la calidad, ya que hoy en día lo importante es hacer negocio.
Tras un periodo de crisis personal en el que no encontraba su sitio, se dio cuenta de que lo que de verdad quería era seguir creando, pero creando cosas que le salieran del corazón.
Ahora él hace su arte y su propia moda. No se considera un pintor, sino un art designer. No ha querido perder la pasión por la moda y ha seguido poniendo en práctica toda su parte artística en los productos que vende en el mercadillo.
Todo lo que vende no sólo está hecho a mano por él, sino creado e inventado por él. Transforma bombillas, llaves o botones en obras de arte. Le apasiona dar nueva vida a las cosas y nos confiesa lo siguiente: “Lo que algunos ven como basura, para mí es un tesoro.”
Admite que a lo mejor no se hace rico vendiendo lo que hace, pero se lo pasa tan bien y la gente flipa tanto con lo que hace, que le encanta.
¿Qué es para él ser artesano?
Ser artesano o artista no es una cosa que se elige, para él es sencillamente un camino.
Se dio cuenta que la moda ya no se hacía en las tiendas, sino en la calle. Por eso dejó la moda hace 6 años, para dedicarse a la artesanía y poder crear sus propias ideas. Desde siempre le ha gustado romper con lo tradicional y lo establecido, y lo ha puesto en práctica.
¿Qué siente al poder vender su producto en el mercadillo?
Eligió vender en el mercadillo por dos motivos principales.
El primero por el entorno. Poder trabajar al aire libre y en la naturaleza es para él un lujo.
Por otro lado porque, sin darse cuenta, se he sentido identificado con la una mentalidad hippy.
Nos comenta su sorpresa cuando descubrió que había sido hippy durante toda su vida, pero no lo supo hasta que llegó al mercadillo, donde todo era tan fácil, tan normal, tan como él… había encontrado su sitio.
“Cuando ves 100 personas que van a una dirección y tú vas en la otra parece que tienes un problema, y cuando llegas a un lugar en el que todos van como tú te das cuenta de que no eres raro, sino que simplemente has encontrado tu lugar.”