Gustavo es uno de los más veteranos del mercadillo. Su primera vez fue en 1975, por lo que forma parte de la historia, de los recuerdos y aventuras locas de esos primeros años del Hippy Market. 
Cuando llegó, ya llevaba 2 años el mercadillo de Es Canar funcionando, empezó desarrollando didácticos en madera, marionetas, títeres. Y también realizaba algunas incursiones con cerámica y vidrio. Siempre elaborando diseños personales.
Tras unos años de parón regresó a los mercadillos porque tenía muchas ideas en la cabeza y muchas cosas por hacer.
En estos días él y su esposa trabajan juntos como artesanos y todo lo que venden es producto de su imaginación y sus manos.  
Se describen como hippies reciclados, ya que a partir del año se pusieron a estudiar y terminaron siendo diseñadores gráficos y diseñadores industriales. Tenían ideas bullendo en la cabeza que esta era la única forma de volverlo real ante el público. 
Actualmente el producto que venden en el mercadillo son imanes, puntos de libro, posters, stickers, pegatines, pines… todo lo relacionado con diseño. Y estos mismos diseños los aplican a los diferentes artículos que producen. 
Con un modo de vida sencillo y alejados de la sociedad de consumo, viven con lo mínimo para vivir y ser felices. Nos comenta a modo irónico el tamaño de su empresa: “Nuestra empresa es demasiado grande, del tamaño de la mesa del comedor de casa. Cuando queremos comer, tenemos que plegar la empresa”.

¿Cómo ve la figura del artesano hoy en día?
Están muy esperanzados en que el boom de la mercancía china haya llegado a su fin, y vuelven a ser valorados los artesanos. Los precios de los productos elaborados en China han hecho que durante 10 o 12 años los artesanos desaparecieran del mapa. 
Ahora la mayoría de ellos están muy contentos porque el público ya ha empezado a comprar aquellas cosas que saben que son exclusivas. Quieren una pieza única, que no haya dos iguales, en vez de la producción masiva.

Siendo uno de los veteranos, ¿qué echa de menos de aquella época?
Con una sonrisa nos confiesa que no extraña nada, ya que cada época fue buena y diferente. La que están viviendo en estos momentos es excepcional y recordar el pasado es muy bonito para reirse y festejar las cosas que hicieron bien y por qué no, también las meteduras de patas que cometieron.

Alguna anécdota que contar:
En aquellos años, cualquier hippy que regresaba a su origen era porque lo reclamaban sus familias, que eran de muy alto nivel adquisitivo. Antes de irse regalaban sus coches que tenían y se lo dejaban en calidad de regalo al más cercano. A mí me regalaron un Volkswagen que usábamos entre todos los que le conocíamos, ya que no tenía llave de encendido. Hasta que un día la policía me amenazó de que tenía que regularlo y no vimos otra alternativa que hacerle un entierro digno entre todos.Fuimos todos los hippies a la cala de San Vicente, e hicimos una fiesta extraordinaria para llevar al cementerio el coche que estaba en perfectas condiciones. Fue una despedida muy bonita porque el coche tenía nombre, se llamaba La Petronia.Y como ésta, tienen mil historias que contar de aquella época tan loca y tan libre de Ibiza, en la que las súper estrellas de Hollywood se codeaban con los hippies. Era una relación sana y natural entre todos, sin diferencia de clases; todos estaban en Ibiza y querían disfrutar de la isla, de ellos mismos y pasárselo bien. 

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